Un partido justo justo

Riquelme is dead.

Ya lo dijo Macri. Y los jugadores, sus nostálgicos compañeros, captaron tan rápido el mensaje que en 45 minutos elaboraron el duelo express. Boca se comió al Lobo, sí, pero antes se deglutió a los fantasmas del 10. Y esa victoria, al cabo, es tan o más importante que el agónico, sufrido e infartante triunfo contra Gimnasia.

No le fue fácil a Boca despedirse de un ser tan querido. De hecho, en ese primer tiempo su juego tuvo dos caras: la de Flor de la V (dos tiros en el travesaño) y la del propio Román. O sea, muy poco demostrativo, insípido, sin un solo gesto que entusiasmara. Tuvo cara de nada.

Una vez enterrado ese rostro, que aparecía y desaparecía como las luces en el arbolito, su fútbol se emparentó con otros rostros. A partir del gol de Domínguez se pareció al del bulldog Falcioni: tiró un tarascón tras otro en busca de su presa. Por momentos se desencajó de tal modo porque no podía con los diez de Gimnasia que se asemejó al de Lunati. Y al final, cuando Boselli metió la cola y Ledesma su cuarto gol, hubo sonrisa marca Russo contagiada por mil.

Diabólico, esta vez el técnico hizo los cambios que tenía que hacer. Y no sólo demostró que, al contrario de Passarella, él aprendió de los golpes sino que al aplicar la receta de Simeone se sacó de la mochila el mote de cauteloso. Con Gracián por Uribarri y Boselli por Dátolo, dibujó un planteo superofensivo, un 3-4-1-2 que en la práctica fue 2-3-3-2 y hasta 2-3-2-3.
Pero más allá de los prefijos telefónicos, el acierto estuvo en el modo en que Boca buscó los tres puntos: pelota al piso, equipo corto y muy ancho (Ibarra-Ledesma por un lado, Dátolo-Palacio por el otro), toque y devolución para que los dos jugadores que lo diferenciaban de su rival fueran realmente de más.

Si bien a Gimnasia el punto lo seducía tanto como a Wanda Nara los videos, con Batalla manejando las contras sí se animó a conocer a Caranta. Su 10 debería ser a Falcioni lo que Gracián a Russo: indispensable. JC logró parte del orden que pretende: ahora deberá rodear a Civelli de compañeros más confiables que Gentiletti y Ormeño para que no le sigan convirtiendo. Los problemas de Russo no son tantos, y ganando se notan menos. Pero que los hay, los hay: Dátolo agotó sus fichas, Morel deberá dejar de gambetear cerca del área o terminará peloteado por Paletta y Banega, ¿qué hacer con Banega si Gracián empieza a manejar los hilos? ¿Acaso no podría ser más necesario el equilibrio de Battaglia que su calidad? ¿O ante la ineficacia de los
volantes izquierdos lo harán a un costado?

Ibarra, de a ratos conductor improvisado, se puso el féretro al hombro. Palermo y Battaglia lo acompañaron como manda la historia. Ellos son los líderes espirituales de un equipo diabólico que en 48 horas debe ratificar ante el sólido puntero si Riquelme murió. O si en Avellaneda su espíritu resucita y empieza otra vez la misma historia.

Fuente Ole.com

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